La tecnología en el salón de clases: las complejidades de una interacción cada vez más inevitable

El ritmo acelerado del surgimiento de tecnología cada vez más diversa y compleja plantea dilemas a la enseñanza de la matemática, y en particular, a la enseñanza de la probabilidad y estadística.

La enseñanza escolarizada no puede cerrar los ojos ante la demanda social del uso de la tecnología. Su pertinencia y mejor forma de introducirla representan un reto para el profesor, en particular, por la contraposición de un conocimiento práctico e informal y una episteme axiomática y formal.

Una de las primeras preguntas que como profesores nos hacemos es si realmente es necesario hacer uso de herramientas tecnológicas en el salón de clases, ¿mejora significativamente la calidad del aprendizaje? ¿es tan valioso su potencial de uso en la resolución de problemas? En la mayoría de las escuelas existen materias específicas para enseñar el uso de la tecnología al estudiante, entonces ¿por qué la clase de matemáticas se tiene que preocupar por el uso de la tecnología? ¿Cuál es el plus que esta introducción aporta a la clase de matemáticas? ¿Cuáles son los objetivos de la tecnología dentro de una clase de matemáticas?

La necesidad implica un fuerte cuestionamiento sobre la forma y las condicionantes que la introducción conlleva, ¿qué es lo que un profesor debe saber para introducir tecnología en sus clases?, ¿cuál es la mejor forma de hacerlo? A su vez, estas preguntas conducen al objeto matemático que uno se propone enseñar, ¿cómo se entrelazan y complementan las habilidades para usar tecnología con el conocimiento matemático? ¿Es el mismo objeto matemático el que se enseña cuando se usa tecnología que cuando no? ¿Cómo cambia el conocimiento matemático cuando se introduce tecnología?

¿Cuáles son las potencialidades y restricciones que el uso de una herramienta tecnológica ofrece a la enseñanza de los fenómenos aleatorios? Con esta pregunta Santiago Inzunza nos invita a reflexionar sobre la forma en que un artefacto tecnológico deja de serlo para convertirse en una herramienta que ayuda al estudiante a establecer relaciones significativas que favorecen la construcción de esquemas mentales para el desarrollo de tareas específicas en probabilidad y estadística. Estas son cuestiones sobre las que conviene repensar contantemente en todas las clases de matemáticas porque sus respuestas están en la base de las decisiones que, inevitablemente, tomamos. Los invitamos a prepararse para el diálogo que con este tema y con Santiago Inzunza entablaremos el próximo miércoles de septiembre de 2012 a las 13:00 horas tiempo de la Ciudad de México.

Blanca Ruiz Hernández

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Autor: Liliana Suárez Téllez

En cierto sentido, soy Liliana Suárez Téllez, mexicana. Trabajo en el Instituto Politécnico Nacional y colaboro con la Red de Investigación e Innovación en Educación Estadística y Matemática Educativa.